MODELO PSICODINÁMICO: IMPLICACIÓN DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL TRABAJADOR SOCIAL
Como
trabajadores por lo general debemos brindar apoyo, clarificación, empatía y
sobre todo contenernos emocionalmente ante situaciones en las que nos
inmiscuyamos y no poseamos la suficiente destreza, conocimientos y formación para
llevar a cabo la tarea dado el problema que puede generar o confusión para el
cliente. Lo normal es que si no se posee dicha formación para llevar a cabo la tarea, el trabador/a social, no lo acepte, es importante saber y conocer de que se es capaz.
No
estamos capacitados para ofrecer terapia, ni es nuestra función, aunque de
cierta manera por algunos autores y su vez profesionales, esa función de ayuda
que ofrecemos puede servir como tal, aunque podría ser de un carácter intermedio,
en ciertas ocasiones.
Debemos
prestar especial atención a las necesidades del cliente y brindarle información
acerca de sus posibilidades, además apoyarlo en todo el proceso, en muchas
ocasiones teniendo siempre presente el código deontológico, dado que muchas
acciones pueden ir en contra de nuestra ética u opinión personal, pero hay que
evitar a toda costa como profesionales ser subjetivos y, por lo tanto, ser lo más
objetivos posible respecto del usuario.
Las
características mencionadas al principio son la manera mas general de poder
llevar esto a cabo, ya que pueden ayudar a evitar problemas, es una manera universalizada
que se puede aplicar a cualquier situación sin casi riesgo de que empeore las
cosas.
Lo
más destacable sería:
-
Ser claros en todo momento respecto de nuestra
situación con el cliente.
-
Conocer, para evitar hacer mal, los
elementos inadecuados, de esta manera generaríamos menos posibilidades de confusión.
-
Como ya hemos mencionado, recalcar o
clarificar nuestro papel como profesionales.
-
Ser objetivos, teniendo en cuenta (mecanismos
de defensa, transferencia o contratransferencia, síntomas, patologías, etc) que
puedan presentarse durante la intervención.
El
problema mas grande para el trabajador social a la hora de aplicar este modelo es
la relación terapéutica, de ahí el hincapié sobre tener en cuenta todo lo anterior.
El trabajador social únicamente debe prestar atención a las necesidades
peculiares del usuario, brindarle lo anteriormente dicho, y prevenir, apoyar e
informas de todas las posibilidades que estén al alcance del cliente para, de
esta manera, encontrar una manera que, en total o parcialmente, solucione su
situación personal.
Puede
ayudarnos en nuestra labor, ser conscientes de la necesidad de derivación o de
intervención especializada cuando la problemática supera el rango de
“normalidad”. Las distintas facetas que puede poseer una persona “normal” como;
depresión, obsesión, timidez, extroversión, etc… , al mezclarse pueden dar
lugar a diferentes personas y personalidades “normales”, dado que para el psicoanálisis,
todos y todas poseemos un poco de todo, el problema ya es grave, cuando se
tiene mucho de una de esas características, dado que puede derivar en patología,
por lo que, cuando uno de esos rasgos se convierte en mayoritario y opresivo
para la personalidad, es el momento en el que debemos tener en cuenta que nuestra
intervención ya no es correcta, y que hay que derivar al cliente a un
profesional que le dé una intervención mas especializada para su caso en peculiar.
Otro
aspecto a tener en cuenta es que la transferencia nos puede ayudar en múltiples
ocasiones (si es necesario), a ayudar al usuario en caso de que se activen
mecanismos de defensa que puedan afectar a nuestra labor, utilizándolo como un
motor, para investigar los conflictos de personalidad que residen en el
individuo y de alguna manera poder avanzar de esta manera en la resolución del
problema. Debemos evitar a toda costa que el cliente refleje la transferencia o
regresión de un recuerdo, en nosotros/as de manera total, aprovechando todo lo
mencionado con anterioridad, pero si a su vez, ello generara otra transferencia
por nuestra parte, ya que, como seres con personalidad también podemos tener
transferencias hacia los usuarios, debemos intentar controlar nuestras
transferencias en un ejercicio de neutralidad profesional adecuado y por otra
parte, poder manejar la contratransferencia en beneficio de la intervención con
el cliente. Obviamente, para ello hay que tener cuidado en no introducirnos en
una relación terapéutica para la que no tenemos formación ni experiencia, dado
que eso le corresponde a otros profesionales.
Este
es un modelo bastante complejo, lo cual supone un riesgo a la hora de la
intervención sino se posee la suficiente destreza como para aplicarlo, no
quiere decir que sea mejor ni peor que otros, pero tiene una serie de riesgos,
que pueden conllevar a unas circunstancias mas graves, tanto para el trabajador/a
social que se ocupe del caso, como para el cliente.
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